La mirada perdida: una reflexión sobre la deshumanización en oftalmología
En la edición de 2026, “FacoElche: Las Américas”, abordamos el tema de la “Deshumanización en la Oftalmología”. Hemos transcrito los contenidos y comentarios de la Mesa y les hemos dado formato de artículo de modo que este resumen es de lectura fácil y comprensible.
En una reciente edición de la mesa redonda «Mesa a Oscuras» de FacoElche, un grupo de prestigiosos oftalmólogos y un experto en tecnología se reunieron para abordar un tema que, aunque incómodo, resulta ineludible: la creciente deshumanización de la especialidad. Lejos de ser un problema unidireccional, la conversación desveló una realidad compleja donde confluyen la transformación digital, las presiones del sistema sanitario, un nuevo perfil de paciente y, también, nuestras propias responsabilidades como profesionales.
Los participantes en dicha Mesa fueron Fernando Soler y Prof. Benítez del Castillo como moderadores y Elena Barraquer, Juan Batlle, Carlos Ciller, Prof. Juan Durán, José Antonio Gegúndez, Mercedes Hurtado, Jerónimo Lajara, Omar López Mato, Filomena Ribeiro y Miguel Srur como panelistas
El Ordenador, ese Tercer Interlocutor
El punto de partida fue un elemento omnipresente en la consulta moderna: la pantalla del ordenador. José Antonio Gegúndez, recordando una máxima de su colega Fernando González del Valle, lanzó la idea central: «Es más importante saber mirar a los ojos de los pacientes que aprender a explorarlos». La historia clínica electrónica, concebida como una herramienta, se ha convertido en un «tercer elemento» que se interpone en la relación, hasta ahora bidireccional, entre el médico y el paciente.
«Nos hemos vuelto gestores de procesos», lamentó Gegúndez, señalando cómo el acto médico se ve relegado por la necesidad de completar interminables clics en un sistema. Esta dinámica no solo afecta la percepción del paciente, que se siente tratado como un dato, sino que desvía al especialista de su función principal: tratar la aflicción. El Prof. Benítez del Castillo incidió en esta idea, apuntando a una «crisis identitaria» del oftalmólogo, que estudió para cuidar personas y termina gestionando burocracia. “El protocolo va en contra de la médica”, sentenció, defendiendo la necesidad de saltárselo para tratar a pacientes, no enfermedades.
Más Allá de la Pantalla: La Importancia del Contacto Humano
Frente a esta realidad, surgieron voces que reivindicaban los pequeños gestos. Elena compartió su experiencia personal: el «lujo asiático» de tener una secretaria le permite dejar el ordenador a un lado, saludar al paciente y, sobre todo, establecer un contacto físico. «Siempre intento tocarles un poco el brazo o poner la mano en la pierna», confesó. «Al acabar la operación, les suelo poner las manos en la cara y les digo: ‘Ya hemos acabado, todo ha ido muy bien’.» Un gesto que, aunque pueda parecer arriesgado en estos tiempos, considera fundamental y mayoritariamente agradecido. Juan Batlle reforzó esta idea desde una perspectiva más filosófica, recordando la importancia del «rapport», esa interacción mutua donde la mirada sincera del médico es percibida por el paciente, estableciendo un vínculo que va más allá de lo puramente técnico.
Presiones Externas: Gerencialismo y Agresiones
La deshumanización no solo nace de la tecnología. Omar López Mato introdujo un tercer actor: «los gerenciadores». La presión administrativa, las autorizaciones y la burocracia impuesta por las aseguradoras o la gestión sanitaria nos alejan del paciente y nos convierten en escribientes de «novelas» para justificar un procedimiento. Esta tensión, llevada al extremo, deriva en un problema creciente: las agresiones a facultativos.
Jerónimo Lajara narró con crudeza su experiencia, agredido por un familiar en el propio quirófano tras negarse a falsificar un informe. Su relato puso rostro a una estadística alarmante que Mercedes Hurtado, presidenta del Colegio de Médicos de Valencia, contextualizó: «Desde la pandemia han aumentado un 86% las agresiones a los médicos». La violencia es otra cara de la misma moneda, un síntoma de una relación médico-paciente que se ha fracturado.
La Figura del Cirujano Fantasma: Una Traición a la Ética
La conversación derivó hacia un oscuro rincón de la profesión: el oftalmólogo impostor o «cirujano fantasma». Miguel Srur planteó el fenómeno no solo como una práctica fraudulenta, sino también como una fuente de ansiedad para el propio médico, que se siente presionado a mostrarse infalible ante sus residentes. Juan Batlle fue contundente al calificarlo como una violación ética que «traiciona tres voluntades»: la del paciente, la del médico que deriva y la del propio fantasma. Afortunadamente, como señaló José Antonio Gegúndez, los códigos deontológicos actuales ya contemplan y penalizan esta práctica, aunque el debate sobre su prevalencia en distintos países, desde Iberoamérica hasta Portugal, evidencia que es un problema global.
El Paciente Informado (o Desinformado) y el Reto de la IA
Finalmente, la mesa abordó el papel de la inteligencia artificial y el nuevo perfil de paciente que trae consigo. Fernando Soler planteó el caso de un paciente que, tras una indicación quirúrgica, preguntaba por la «asfericidad corneal Q», demostrando un acceso a la información antes impensable. Para Carlos Ciller, el único ingeniero en la mesa, esta es una realidad imparable. «Información que en el pasado solo estaba disponible para los profesionales, ahora está accesible para todo el mundo», explicó. El reto, dijo, no es ignorarlo, sino «educar al paciente» para que desarrolle un pensamiento crítico.
Lejos de ver la IA como una amenaza, Ciller la presentó como una herramienta que, bien utilizada, puede devolverle tiempo al médico. Si la tecnología se encarga del trabajo tedioso (transcribir, rellenar historias), el especialista podrá dedicar más tiempo a la conversación, al acompañamiento y a la «rehumanización» del acto médico. José Antonio Gegúndez coincidió en este optimismo, distinguiendo entre la capacidad lógico-matemática de las máquinas y el «conocimiento tácito», la «medicina basada en los afectos» que solo puede proporcionar un ser humano.
Omar López Mato, con su habitual perspicacia, recordó que «10.000 años de civilización no se van a arreglar en 10 años de inteligencia artificial». El amor, el odio, la empatía, son reacciones innatas que ninguna máquina podrá replicar. Y lanzó una advertencia sobre la «dictadura de las estrellitas», las puntuaciones online que juzgan y sentencian sin contexto, una nueva forma de agresión.
Conclusión: Un Futuro que Depende de Nosotros
La mesa concluyó con una reflexión agridulce. Si bien la tecnología, la presión asistencial y los nuevos modelos de negocio son realidades que empujan hacia la deshumanización, la responsabilidad última recae en la profesión. Como resumió Filomena Ribeiro, «la culpa es nuestra». Estamos ante el riesgo de transformarnos de médicos, con un juramento hipocrático, en meros «técnicos de medicina».
El futuro, sin embargo, no está escrito. La inteligencia artificial y la robótica (que ya opera cataratas) pueden liberarnos de las tareas mecánicas para permitirnos volver a lo esencial: mirar al paciente, escucharle, tocarle. El acto médico es, y debe seguir siendo, un encuentro entre dos personas. En un mundo cada vez más tecnológico, la especialidad de la mirada tiene la oportunidad de recordar que, como bien dijo Miguel Srur, la oftalmología sobrevivirá porque «a la gente le gusta ser acogida». El desafío está en aceptar la tecnología como aliada, sin permitir que se convierta en una barrera.
Vídeo de la sesión
Autor

Dr. Fernando Luis Soler Ferrández
– Director de FacoElche
– Presidente de la Fundación Dr. Soler de la C.V.
– Director de la Clínica Innova Ocular Dr. Soler de Elche
– Ex jefe de servicio de oftalmología del Hospital General Universitario de Elche



